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dimanche 2 mars 2008

Explotará un nuevo escándalo en el Caso Antonini



ARTICULO

Uno de los procesados por el Caso Antonini en Miami estaría implicado además en el lavado de dinero. Según reseña hoy la columna “Exclusivas de Ultima Página” de Quinto Día, la DEA habría investigado sus operaciones financieras y el nuevo escándalo estaría a punto de estallar.

Extraído de la citada columna:

CASO DEL MALETÍN. No se extrañen si en pocos días -si es que no estalla hoy- se conozca un nuevo escándalo en el caso del maletín, que mantiene presos a varios empresarios en Miami. Esta vez el ingrediente lo pondrá la DEA, que investigó las operaciones financieras entre 1999 y 2001 que habría realizado desde San Cristóbal uno de los procesados por los 800 mil dólares. Si llegaran a comprobarle ese lavado de dólares y no debe vincularse necesariamente a drogas, el culpable agregaría otros 15 años de cárcel a los 10 que prevé el primer delito. Las cosas se ponen muy “duran”. Tendrán que identificar los destinatarios de las transacciones…

lundi 18 février 2008

Otro acusado dice en Miami que el dinero era para la campaña electoral



ARTICULO

Es el venezolano Kauffman. Lo afirma en un escrito para pedir su excarcelación.

Por: Ana Baron
Fuente: WASHINGTON. CORRESPONSAL

Uno de los detenidos en el caso de la valija en Miami, Carlos Kauffmann, presentó ayer un documento ante la Corte en el que pide la reconsideración de su excarcelación bajo fianza. Entre sus argumentos, dice que el haber conspirado para encubrir que el dinero que Antonini intentó ingresar en nuestro país "era para la campana electoral argentina" no representa ninguna amenaza para la comunidad de Miami.

De hecho, uno de los planteos que viene haciendo el fiscal Tom Mulvihill para que la Corte no le otorgue a Kauffman la libertad bajo fianza es que representa una amenaza para la comunidad.

Es la segunda vez que en el proceso se menciona que el dinero secuestrado al venezolano Guido Antonini Wilson iba a ser destinado a la campaña electoral argentina.

En el documento presentado ayer, el abogado defensor de Kauffman, Neil Schuster, acusa, sin embargo, a la Fiscalía de haber cambiado la argumentación que presentó inicialmente sobre que su cliente representa esa amenaza. En efecto, inicialmente Mulvihill argumentó que la liberación de Kauffmann podía representar un peligro para Antonini, ya que Kauffmann lo habría amenazado con que algo podría sucederle a sus hijos si no cooperaba para encubrir el origen y destino del dinero. De acuerdo al documento presentado por el agente del FBI que hizo la investigación, Michael Lasiawicki, la amenaza tuvo lugar el 23 de agosto del 2007, en una reunión en la que no sólo participaron Antonini y Kauffmann, sino también otros dos detenidos: Franklin Durán y Moisés Maionica.

Según Schuster, ahora la Fiscalía ha comenzado a argumentar que el peligro que representa su cliente para la comunidad deriva del cargo mismo que se le imputa, es decir el hecho de que "es un agente no registrado de un gobierno extranjero". Por ley, todos los agentes extranjeros deben registrarse en el Departamento de justicia para poder trabajar en Estados Unidos.

"Ciertamente, toda ofensa federal es seria. Pero el contexto del cargo también requiere escrutinio", dice textualmente el documento. "Primero los cargos de la conspiración hablan de un supuesto encubrimiento de una contribución presidencial venezolana en la Argentina. No apunta a un supuesto crimen en Estados Unidos, excepto el no haberse registrado. Se acusa al acusado de ser un agente no registrado extranjero".

"Aquí, ¿el no haberse registrado resulta un acto criminal con respecto a qué?", se pregunta Shuster y responde: "Existe el supuesto encubrimiento de la contribución para la campaña presidencial argentina en el Distrito Sur de Florida. Pero ese no es el tipo de crimen más grave que prevé el Bail Reform Act (ley que regula la libertad condicional) que requiere la detención".

Según Schuster, si Kauffmann se hubiera registrado como agente extranjero como requiere la ley nadie le hubiera prohibido realizar actividades relacionadas con la contribución a una campaña electoral extranjera, "actos que tienen muy poca relación con Estados Unidos y que no tienen un impacto sobre la seguridad de la comunidad de Miami".

Si bien el fiscal Mulvihill dijo inicialmente que el dinero era para la campana electoral de Cristina Kirchner, y en la acusación formal figura también este dato aunque sin mencionar el nombre del candidato o candidata presidencial, desde principios de enero la fiscalía no habla mas del asunto. El hecho de que los abogados defensores hayan comenzado a plantearlo indica, sin embargo, que el tema estará presente durante el juicio. Esto no significa que el fiscal deberá aportar pruebas relacionadas con el destino del dinero. Lo que el fiscal necesita probar es solamente si los acusados eran agente del gobierno de Venezuela o no.

mercredi 13 février 2008

Exigirán que Mulvihill venga a Venezuela a declarar sobre el valijagate



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Venezuela solicitará al gobierno de Estados Unidos interrogar a dos fiscales estadounidenses y a un agente del FBI que llevan el caso Antonini, según informó hoy la Fiscalía General de la República.

La Fiscalía General dijo el martes en un comunicado que próximamente enviará una “carta rogatoria” a Estados Unidos para que tres funcionarios estadounidenses se trasladen a Venezuela, y “declaren sobre el conocimiento que tienen en relación con la maleta”.

El Ministerio Público informó que pedirá interrogar específicamente al fiscal general de Miami, Alexander Acosta; al fiscal del caso, Tom Mulvihill; y al agente especial del FBI, Michael J. Lasiewcki.

Venezuela realizará la solicitud basada un convenio internacional sobre asistencia mutua en materia penal, refiere el comunicado.

Las autoridades judiciales venezolanas enviaron en enero a Estados Unidos una primera rogatoria para solicitar las declaraciones que rindió en una Corte de ese país el abogado venezolano Moisés Maionica, que se declaró culpable de tratar de encubrir el origen de los 800.000 dólares.

Venezuela también pidió el expediente que involucra a los empresarios Franklin Durán y Carlos Kauffmann, quienes se encuentran detenidos desde diciembre pasado en una cárcel de Florida acusados de actuar como agentes ilegales para presionar a Antonini Wilson.

Entre las pruebas contra los hombres se encuentra una grabación del FBI a conversaciones entre algunos de estos hombres que presuntamente intentaban ocultar la fuente de los cerca de 800.000 dólares que fueron llevados en agosto pasado en una maleta hacia Argentina desde Caracas por Antonini Wilson.

El empresario venezolano-estadounidense Guido Antonini no está acusado en el caso, y ha afirmado a través de su abogados que cooperará con la investigación que llevan a cabo las autoridades argentinas.

jeudi 7 février 2008

Asistente de alto oficial de Pdvsa subió maleta decomisada a Antonini en Argentina


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La confesión de Moisés Maiónica dice que éste le había comunicado al hombre de la maleta que la petrolera venezolana se haría cargo de sus gastos penales y financieros tras el incidente ocurrido en Buenos Aires.

La base factual de la confesión que Moisés Maiónica hiciera este viernes confirmó una reunión que éste mantuvo con Guido Antonini Wilson y Franklin Durán el 27 de agosto pasado en un restaurante en Fort Lauderdale, Florida.

Durante la conversación, Durán reveló al hombre de la valija el destino del dinero que le había sido decomisado en el Aeropuerto Jorge Newberry de Buenos Aires, además de haber identificado a un asistente de un oficial de alto nivel de Pdvsa quien se habría encargado de llevar el dinero hasta la aeronave que partió hacia Argentina.

En ese vuelo, alquilado por funcionarios de la empresa estatal Enarsa del país sureño, también estuvo presente una comitiva de la petrolera criolla.

En una entrevista anterior, Maiónica había comunicado a Antonini Wilson que Pdvsa se haría cargo de todos los gastos financieros y penales que serían acarreados por el empresario tras el decomiso de 800.000 dólares e Buenos Aieres.
Este viernes Maionica se declaró culpable de haber entrado a territorio estadounidense como agente de Venezuela sin autorización de la Fiscalía General de ese país.

El mismo organismo aseguró que Antonini desconocía que había 800.000 dólares en la valija, "ya que el maletín pertenecía a otro de los pasajeros".

samedi 2 février 2008

Jaime Bayly, el “hombre de la valija” y los sucesos de abril del 2002



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Jaime Bayly escribe hoy una columna en el diario Correo de Perú donde revela cuando conoció a Antonini en Miami en el 2002 y como “el hombre de la valija” le dijo que estaba conspirando contra Hugo Chávez. Un relato al estilo “Bayly”.

Fotos del banner y fotos internas: nuevas fotos de Antonini publicadas en el Blog Breaking News

Eran los primeros días del 2002, invierno en Key Biscayne, si podemos llamar invierno a unos días espléndidos, a pleno sol.

Yo vivía en una casa en la calle Caribbean, una casa amarilla, de un piso, una de las más antiguas de la isla. Estaba obsesionado con escribir una novela que titulé El huracán lleva tu nombre. Me pasaba la noche escribiendo, escuchando los maullidos de los gatos y los chispazos de las regaderas que se encendían automáticamente. Cuando me daba hambre, subía a la bicicleta y pedaleaba hasta el Seven Eleven.

Una noche, bajando de la bicicleta en el Seven Eleven, un hombre alto y obeso me dijo:
-¿Qué ha sido de tu vida, que ya no te veo en televisión?

Le conté que me había retirado de la televisión de Miami, dado que mi último programa había sido cancelado, los ejecutivos de esa cadena acusándome de ser “demasiado intelectual y marica para los mexicanos de California”.

El hombre apretó un botón que desactivó la alarma de su Mercedes del año, deportivo, color gris. Sentí que, al apretar ese botón, había experimentado una alegría rotunda, definitiva, una forma de alegría que siempre me sería esquiva.

Para mi sorpresa, me preguntó dónde vivía.

-En Caribbean road, cerca del Sonesta -le dije.
-Yo tengo un hotel al lado del Sonesta -me dijo.

-¿El Silver Sands? -pregunté.
-Es mío -dijo.

-Hombre, te felicito -dije.
-Te invito mañana para que veas unas cabañas frente al mar que te pueden interesar -me dijo.

Sacó su billetera y me dio su tarjeta.

-Llámame -me dijo-. Tienes que ver las cabañas frente al mar. Son del carajo. Enrique Iglesias viene de vez en cuando con sus amigas.

Luego subió a su auto. Miré la tarjeta. Decía: Guido Antonini Wilson.



Al día siguiente, lo llamé. No tenía ganas de verlo, pero me intrigaba conocer las cabañas en las que Enrique Iglesias hacía travesuras. Lo traté de Guido, un nombre extraño en cualquier caso. Me dijo que pasaría a buscarme al final de la tarde.

El señor Antonini vino a buscarme en un auto distinto del que había usado la noche anterior. Era un Mercedes grande, cuatro puertas, azul oscuro. Al subir, sentí ese olor a nuevo que conservan los autos recién salidos del concesionario.

Llegando al hotel, me condujo a su oficina. Se sentó en un escritorio y me dijo que ese hotel era de su mujer, de la familia de su mujer, pero que él lo administraba como si fuera suyo y yo era bienvenido cuando quisiera. No me quedó claro (esas cosas nunca quedan claras) si me estaba diciendo que no me cobraría en caso de que me quedase en su hotel.

Poco después caminamos hasta las cabañas con vista al mar. Quedé horrorizado con la decoración.

-Son perfectas para escribir -mentí.

Antes de irnos, le pregunté cuál era la cabaña en la que Enrique se escondía con sus amigas. Me llevó a la cabaña africana, atigrada, con pieles de animales y colmillos de elefantes, y dijo, señalando la cama:
-Aquí ha culeado Enrique Iglesias.

Luego añadió:
-Cuando quieras, puedes venir.
-Muchas gracias -dije.
-Para mí será un honor recibirte -dijo.

No quedó claro si el honor al que aludía me exoneraba de pagar por la cabaña.

Al subir a su auto, pensé que me llevaría a casa. Me equivoqué. Guido me dijo que su mujer estaba ansiosa por conocerme. No me preguntó si yo sentía ansias recíprocas.

Vivía en un departamento del Grand Bay, con todos los lujos previsibles. Recorrimos medio departamento sin que su mujer diese señales de vida. Al pasar por la cocina, una empleada dijo que la señora estaba en la lavandería. En efecto, allí mismo estaba. La señora Jacqueline era agradable y distinguida, aunque no necesariamente guapa. Me saludó con afecto distante, como quien saluda a alguien que inspira, a la vez, curiosidad y temor.

-No me pierdo tus programas -me dijo.

No sentí que estuviera ansiosa por conocerme. Sentí que estaba ansiosa por seguir ordenando la ropa con la maniática minuciosidad de una millonaria aburrida.

Guido me llevó a su biblioteca. Digo que era una biblioteca porque así la llamó él, no porque hubiese libros. Se sentó en su escritorio, me ofreció un trago, le dije que no bebía alcohol, puso cara de espanto, me invitó agua mineral y se sirvió un whisky.

Por fin hablamos de política.

Me dijo que Chávez era una desgracia, que había instaurado un régimen autoritario y corrupto, que los amigotes de Chávez estaban haciéndose muy ricos, que no se podía hacer dinero a no ser que fueras socio del régimen. Me contó que era amigo de Carlos Andrés Pérez, que hablaban a menudo, que Carlos Andrés estaba en Santo Domingo, pero venía con frecuencia a Miami. Le dije que conocía a Carlos Andrés, que lo había entrevistado el año 97 o 98. Cogió el teléfono, llamó a Carlos Andrés y le dijo que estaba conmigo. Me dio sus saludos. Le dijo que cuando viniera a Miami, teníamos que juntarnos los tres “para hablar de política”. Hablaron de cosas que no entendí y cortó.

Mi amigo Guido se sirvió otro trago y me dijo:
-Chávez no va a durar. Va a caer pronto. Lo vamos a tumbar.

Le dije que eso sería difícil, dado que los militares lo apoyaban y muchos de sus compañeros de promoción ocupaban puestos claves.
-Acuérdate de mí -insistió-. A Chávez lo tumbamos. Va a terminar en la cárcel.

Pensé que estaba fanfarroneando, que quería hacer alarde de su poder y sus conexiones.

Poco después me llevó a la cochera del edificio y me mostró su colección de autos de lujo: Hummers, Ferraris, Lamborghinis, Mercedes.

-Cuando quieras, te presto uno de estos para que lleves a tus hijas a Orlando -me sorprendió.
Yo le había contado que en pocos días llegarían mis hijas y nos iríamos a Disney.
-Muchas gracias, pero no me animo -le dije.

-Anda en la Hummer -insistió.
-¿Y si choco? -le dije.

-No pasa nada -dijo-. Todos están asegurados.
-Pero el seguro no te cubre si yo manejo -dije.

-No vas a chocar -dijo-. Y si chocas, decimos que yo estaba manejando.

Tras esa exhibición de su riqueza, el señor Antonini me llevó a mi vieja casa amarilla, construida en 1953.
-Llámame cuando lleguen tus hijas -me dijo.

Una semana después, mis hijas llegaron y les conté que había conocido a un extraño magnate venezolano que me había enseñado su colección de autos de lujo y me había ofrecido uno de ellos para irnos a Disney.
-No voy a llamarlo -dije.
-¡Estás loco! -me dijeron-. ¡Llámalo!

-¿Y si es un millonario tramposo perseguido por la justicia?
-¡No importa! ¡Llámalo!

A pesar de mis temores, lo llamé. No contestó. Dejé un mensaje. No llamó de vuelta. Llamé dos o tres veces más. Dejé mensajes. No llamó.

Unos meses después, en abril, leí que le habían dado un golpe a Chávez. Me acordé de mi amigo Guido, de sus enfáticas palabras:
-Chávez no va a durar. Lo vamos a tumbar.

Lo llamé para preguntarle qué estaba pasando en Caracas. No contestó.

No volví a verlo más, hasta una mañana, cinco años después, en que abrí un periódico en Buenos Aires y vi la foto de ese raro gordo bonachón, acusado de ser “el hombre de la valija”, el misterioso pasajero que llegó en un vuelo privado desde Caracas y quiso introducir ilegalmente un maletín con ochocientos mil dólares en efectivo.

Lo primero que pensé fue: Suerte que no me prestó su Hummer para ir a Disney.

Lo siguiente que me dije fue: ¿Pero este gordo no estaba conspirando contra Chávez?

Luego me imaginé a su esposa ordenando la ropa minuciosamente en la lavandería del apartamento de lujo, odiándolo en silencio.

Ese raro gordo bonachón
Jaime Bayly
El Correo - Perú